El sistematizador. Horacio recoge la teoría aristotélica, la simplifica para uso del poeta culto romano y la transmite en forma de preceptos memorables. La Epístola a los Pisones es la otra fuente, junto a la Poética, de toda la teoría literaria del clasicismo europeo.
La tesis horaciana más célebre es también la más simple. La poesía cumple dos funciones unidas: aprovechar (prodesse) y deleitar (delectare). El poeta que combina ambas se lleva todos los sufragios. La fórmula condensa en dos verbos toda la discusión que la teoría griega arrastraba desde Gorgias y Platón sobre la relación entre placer estético y utilidad moral.
Se llevó todos los sufragios el que mezcló lo útil con lo agradable, deleitando al lector e instruyéndole a la vez. Horacio, Ars poetica vv. 343-344
La importancia histórica de esta fórmula es desproporcionada respecto a su contenido. Toda la tradición clasicista europea operará con ella como con un axioma. Cuando Luzán abre su Poética definiendo la poesía por la doble función deleitar y enseñar útilmente, está repitiendo a Horacio. Cuando el romanticismo reivindique la autonomía del arte, lo que cuestionará es precisamente el componente del prodesse como exigencia obligatoria.
La fórmula ut pictura poesis (la poesía es como la pintura) procede del verso 361 de la Epístola a los Pisones. Horacio la usa con un sentido limitado: hay poemas que como ciertas pinturas gustan más vistos de cerca y otros que gustan más vistos de lejos. La tradición posterior la sacó de contexto y la convirtió en doctrina general de la unidad de las artes.
La poesía es como la pintura: te apresará más una si te acercas a ella, otra si te alejas; ésta gusta en la penumbra, aquélla gusta a plena luz. Horacio, Ars poetica vv. 361-365
El clasicismo italiano y francés del XVI y XVII tomó esta fórmula como apoyo para la teoría general de la imitación que reúne todas las artes en un solo sistema. Simónides de Ceos había dicho ya que la pintura es poesía muda y la poesía pintura que habla. La doctrina pasó por Plutarco y llegó al Renacimiento como evidencia incontestable. Solo Lessing, en el Laocoonte, romperá la analogía y mostrará que pintura y poesía operan según leyes formales irreducibles: el espacio para una, el tiempo para otra.
Horacio formula la oposición que articulará la psicología clásica y clasicista del proceso creador. ¿La poesía es cosa de ingenio natural o de aprendizaje técnico? Su respuesta es típicamente horaciana: ambos a la vez. Sin disposición natural el estudio no basta, sin estudio el ingenio se desperdicia.
Se discute si un poema laudable es obra de la naturaleza o del arte. No veo qué puede el estudio sin una rica vena natural, ni qué puede el genio sin cultivo: tanto se reclaman mutuamente y conspiran en común empeño. Horacio, Ars poetica vv. 408-411
Esta tesis tiene dos prolongaciones largas. La primera, en el clasicismo, donde la oposición ingenio-arte se convierte en uno de los grandes lugares comunes de la teoría literaria: Tasso, Gracián, Quevedo, Luzán la discuten. La segunda, en la psicología romántica del genio, que radicaliza el polo del ingenium hasta convertir el arte en transparencia del genio. La psicocrítica del siglo XX (Mauron) y el psicoanálisis de la creación (Freud) son herederos lejanos de esta línea.
Horacio sistematiza el principio del decorum: cada cosa debe tener su sitio, cada personaje su lenguaje, cada género su tono. El viejo no habla como el joven, el rey no habla como el siervo, la tragedia no usa el lenguaje de la comedia. La unidad del estilo y del carácter es exigencia técnica antes que moral.
Mantén hasta el fin como ha empezado, y que se conserve uniforme. Horacio, Ars poetica v. 127
El decoro se proyecta sobre la teoría de los tres estilos (humilde, medio, sublime), que Horacio hereda de la retórica latina y transmite al clasicismo, y sobre la doctrina de los caracteres tipificados (el viejo avaro, el joven enamorado, el siervo astuto), que pasará al teatro francés del XVII y al de Molière. Cuando Auerbach, en Mimesis, traza la historia de la separación de estilos en la literatura europea, está siguiendo precisamente esta línea horaciana.
La Epístola a los Pisones contiene la primera codificación occidental de las reglas de los géneros. Horacio prescribe la estructura de la tragedia en cinco actos, el número fijo de actores en escena, la prohibición de mostrar ciertas acciones (asesinatos, transformaciones), el deber del deus ex machina de no aparecer salvo cuando un nudo lo exija. Cada precepto se justifica por exigencias de verosimilitud, decoro o eficacia dramática.
No se prolongue la obra menos de cinco actos ni más de ellos, si quiere ser pedida tras su representación. Horacio, Ars poetica vv. 189-190
Esta codificación tendrá una vida larguísima. El clasicismo francés del XVII (Boileau) la retomará casi al pie de la letra. La doctrina de las tres unidades (acción, tiempo, lugar), que se atribuye habitualmente a Aristóteles, es en realidad una construcción del clasicismo italiano (Castelvetro) y francés que apoya solo la primera en la Poética y añade las otras dos a partir de Horacio y de la coherencia interna del sistema. El romanticismo (Schlegel, Hugo) hará de la ruptura de esas reglas su gesto fundacional.
La fortuna de Horacio en la teoría literaria europea es comparable a la de Aristóteles, pero por vías distintas. Mientras la Poética desapareció prácticamente durante toda la Edad Media y fue redescubierta en el XVI, la Epístola a los Pisones nunca dejó de leerse y comentarse. Esto explica que el clasicismo medieval y renacentista temprano sea más horaciano que aristotélico, y que la integración de ambas tradiciones se produzca con los grandes comentaristas italianos del Cinquecento (Robortello, Castelvetro, Scaligero).
Tres relevos importantes. Marco Girolamo Vida, en su Ars poetica (1527), reescribe a Horacio para la lengua moderna y fija el modelo de la poética preceptiva renacentista. Nicolas Boileau, en L'Art poétique (1674), produce la versión clasicista francesa por excelencia, traducida y leída en toda Europa. Ignacio de Luzán, en La Poética (1737), introduce el corpus clasicista en España y mezcla a Aristóteles con Horacio según el modelo italiano y francés.
Horacio no es autor del pasaje de la pregunta 1 (siempre la Poética) pero es referencia obligada para la pregunta 2 en cualquier pasaje que toque funciones de la literatura, oposición ingenio-arte, decoro o codificación de los géneros. Aparece habitualmente como la voz que transmite y simplifica a Aristóteles para uso del clasicismo posterior.
Fórmula horaciana: prodesse et delectare.
Línea posterior: Luzán, clasicismo europeo, romanticismo (autonomía), marxismo (compromiso).
Fórmula horaciana: ni naturaleza sin estudio ni estudio sin naturaleza.
Línea posterior: debate clasicista (Tasso, Gracián), genio romántico, psicocrítica.
Fórmula horaciana: ut pictura poesis.
Línea posterior: sistema clásico de las artes, ruptura de Lessing en el Laocoonte.
Fórmula horaciana: cinco actos, decoro, unidad.
Línea posterior: tres unidades clasicistas, Boileau, ruptura romántica.