El acusador. Antes de la mímesis dignificada por Aristóteles está la sospecha platónica contra la poesía. Esta página recoge los pasajes que sostienen la acusación, el modelo de censura que de ellos se deriva, y la larga estela política y educativa que llega hasta el marxismo y los estudios culturales del siglo XX.
La mímesis en Platón aparece dentro de una ontología jerárquica. Hay tres planos: la idea (lo real en sentido fuerte), la cosa sensible (copia de la idea producida por el artesano) y la imagen (copia de la cosa). El pintor que pinta una cama no produce una cama, sino la apariencia de una cama. Está a dos grados de distancia de la verdad. Lo mismo el poeta. La mímesis platónica es copia de copia: alejamiento de lo real, no acceso a ello.
El imitador, decíamos, está alejado tres grados del rey y de la verdad, lo mismo que todos los demás imitadores. Platón, República X, 597e
De aquí se sigue la sospecha epistemológica contra la poesía. El poeta no sabe lo que imita: imita lo que parece, no lo que es. La poesía no produce conocimiento, produce apariencias. Esta es la base que Aristóteles invertirá radicalmente al sostener, en el capítulo 9 de la Poética, que la poesía es más filosófica que la historia porque dice lo universal y no lo particular.
El Ion presenta la segunda gran tesis platónica: el poeta no produce por arte (téchne) sino por inspiración divina. La Musa lo posee, y a través de él, posee también al rapsoda y al espectador. Es la teoría del entusiasmo o furor poético, ilustrada con la imagen de la piedra magnética que transmite su atracción a una cadena de eslabones.
No es por arte por lo que componen y dicen muchas cosas hermosas sobre los hechos, como tú sobre Homero, sino por privilegio divino, y cada uno solo puede componer bien aquello a lo que la Musa lo impulsa. Platón, Ion 534c
La tesis es ambivalente. Por un lado, niega que la poesía sea conocimiento técnico (el poeta no sabe lo que dice, está poseído). Por otro, abre la puerta a la concepción de la poesía como acceso a lo divino, vía no racional pero superior. Esta ambivalencia recorrerá toda la teoría posterior. El neoplatonismo renacentista (Ficino) tomará la segunda vertiente y la convertirá en doctrina del furor poético. El romanticismo la radicaliza en la teoría del genio. Cuando Aristóteles dice en 1455a que el arte de la poesía es de hombres de talento o de exaltados, está intentando reconciliar la inspiración platónica con la técnica.
El gesto platónico más célebre de toda la teoría literaria es la expulsión de los poetas de la ciudad ideal. Aparece en el libro III y se completa en el libro X de la República. El motivo es doble: epistemológico (los poetas no saben lo que imitan) y moral (la imitación de comportamientos bajos contagia el alma). Solo se admiten en la ciudad himnos a los dioses y elogios de los hombres buenos.
A los fundadores de un Estado corresponde conocer las pautas según las cuales los poetas deben forjar los mitos y de las cuales no deben apartarse sus creaciones; mas no corresponde a dichos fundadores componer mitos. Platón, República II, 379a
Lo importante no es la anécdota de la expulsión, sino la teoría del control institucional de la literatura que Platón inaugura. El Estado debe vigilar la literatura porque la literatura forma el alma del ciudadano. Esta tesis tiene tres prolongaciones largas. La teoría clasicista del decoro (lo que se puede representar y lo que no), la censura institucional en sus distintas variantes históricas (Inquisición, Index, censura ilustrada, censura estatal moderna), y la teoría marxista del compromiso del escritor con la sociedad.
La acusación moral tiene dos cargos. El primero es que los poetas dicen mentiras sobre los dioses: los presentan como sujetos a pasiones humanas, en guerra entre sí, susceptibles de cohecho. El segundo es que la imitación de hombres viles, cobardes o desordenados acostumbra al alma del oyente a esos modos de ser. La literatura no es inocente: educa, y educa hacia abajo cuando representa lo bajo.
Ningún ciudadano ha disputado jamás con otro, y eso habría sido un sacrilegio: tales cosas son las que, tanto los ancianos como las ancianas, deberán contar a los niños desde la infancia. Platón, República II, 378c
Aquí está, en estado naciente, la teoría clasicista de la verosimilitud moral. La literatura no debe representar lo que es, sino lo que debe ser. Esta tesis llegará al clasicismo francés del XVII bajo la forma de las bienséances (las conveniencias) y aparecerá en el Pinciano y en Luzán como exigencia de que la fábula sea no solo verosímil sino moralmente decorosa. La inversión aristotélica, en cambio, separa lo verosímil de lo moral: el universal poético es lo que podría suceder según verosimilitud o necesidad, no lo que debería suceder según moral.
En el libro III de la República, Platón distingue tres modos de relato según la presencia de la voz del poeta. Hay relato puro (diégesis), cuando el poeta habla por sí mismo y no por boca de otros; relato por imitación (mímesis), cuando el poeta habla como si fuera otro; y relato mixto, que combina los dos. La epopeya homérica es mixta. La tragedia es pura imitación. El ditirambo, relato puro.
Hay una poesía y composición de mitos que es toda imitativa, como dijiste, la tragedia y la comedia; y otra, por medio del relato del poeta mismo, y la encontrarías sobre todo en los ditirambos; y otra, también, surgida de ambas, en la composición épica y en muchos otros pasajes. Platón, República III, 394c
Aristóteles tomará esta distinción y la incorporará a su propia clasificación de las artes por el modo de imitación. La tripartición clásica épica-lírica-dramática que se da por aristotélica es, como ha mostrado Genette, una construcción posterior que se apoya en Platón y Aristóteles pero los completa. El componente platónico es decisivo: la diferencia entre diégesis y mímesis es la base de toda narratología posterior, y reaparece transformada en la oposición entre contar y mostrar (telling y showing) de Henry James, Lubbock y Booth, y en las teorías del narrador y la focalización de Genette.
Toda la teoría platónica de la poesía se asienta sobre una conexión que la teoría posterior raramente disolverá: la literatura forma al ciudadano. La poesía es educadora antes de ser entretenimiento o conocimiento. Por eso debe vigilarse. Por eso debe orientarse. La pedagogía es la dimensión política de la literatura, y la política es la dimensión pedagógica del Estado.
La cita de Croce en las orientaciones del tema 1 documenta bien esta línea: Estrabón, contra Eratóstenes, defendía la opinión de los antiguos según la cual la poesía es una filosofía primitiva educadora de los jóvenes. La estoa la heredó. La tradición clasicista la asumirá bajo el lema horaciano del prodesse et delectare. Solo el romanticismo y la teoría del arte autónomo del XIX la pondrán entre paréntesis. La teoría marxista del siglo XX la reactivará en toda su radicalidad.
Lo que a los muchachos son los maestros, son a los jóvenes los poetas. Aristófanes, citado por Croce
Tres líneas modernas heredan distintos componentes de Platón.
El marxismo recupera la tesis platónica del carácter político de la literatura, vaciándola de la metafísica de las ideas y rellenándola con la teoría de la ideología. Lenin, Trotski, Gramsci, Brecht, Sartre y Mao reformulan, cada uno a su modo, la pregunta de la República: ¿qué literatura sirve a la sociedad que queremos construir? La célebre tesis sartreana de que la literatura es siempre praxis comprometida es una formulación moderna del principio platónico de que no hay literatura inocente.
El decoro clasicista, la teoría de los tres estilos, la verosimilitud moral, las bienséances francesas y las normas del Pinciano y Luzán son la rama platónica del clasicismo, frente a la rama aristotélica de la mímesis productiva. Cuando Luzán exige que la fábula sea verosímil y moralmente decorosa, está combinando los dos polos.
Los estudios culturales contemporáneos, la teoría postcolonial y los gender studies retoman implícitamente el gesto platónico de denuncia del efecto formativo de la literatura sobre la subjetividad, pero invertido: si Platón quería expulsar a los poetas de la ciudad, los estudios culturales quieren hacer visible lo que la canonización literaria ha expulsado de la conciencia.
Platón rara vez es el origen del pasaje de la pregunta 1 (siempre son aristotélicos), pero aparece sistemáticamente en la pregunta 2 como fondo polémico contra el que Aristóteles construye sus tesis. Las líneas de respuesta donde Platón es indispensable son cinco.
Línea platónica: sospecha contra la copia de copia, alejamiento de la idea.
Inversión aristotélica: mímesis como conocimiento del universal, dignidad cognoscitiva de la poesía.
Línea platónica: furor poético, posesión divina, el poeta no sabe lo que dice.
Inversión aristotélica: el poeta es hombre de talento o exaltado, no juguete divino.
Línea platónica: distinción República III entre diégesis, mímesis y mixto.
Continuidad aristotélica: incorporada en la clasificación de las artes por modo.
Línea platónica: literatura como educadora del alma, expulsión de los poetas, control del Estado.
Prolongación moderna: teoría marxista del compromiso, Sartre, Brecht, Gramsci.